Viaje al corazón sonoro de Norteamérica

La década de los 70 en el panorama musical norteamericano transformó el flower power en folk-rock y añadió protestas eléctricas a las ondas. Cantautores como Bob Dylan o Neil Young buscaban sonidos con sabor a tierra, pero con un toque de modernidad. Al mismo tiempo, en la frontera con Canadá, un puñado de bandas nativas hacían rock con influencias tradicionales. Joni Mitchell aún no se había mudado de Toronto a California y hacía buenas migas con su vecino, el poeta y músico indígena Duke Redbird…

“Cuando Kevin me llamó fue el mejor momento de mi vida”, dice por teléfono Willie Thrasher desde su casa en Vancouver, Canadá, horas antes del concierto que dará esa misma noche junto a un grupo de artistas mucho más jóvenes que él. Thrasher, un rockero bien entrado en los 60, se refiere a Kevin ‘Sipreano’ Howes, el arqueólogo musical de la discográfica ‘Light in the Attic‘ que, en 2014 lanzó la primera compilación de música country y folk-rock aborigen hecha entre los años 66 y 85 entre Canadá, Alaska y otras zonas fronterizas de Norteamérica. Native North America vol. 1′ es una ambiciosa colección de 34 temas y 25 artistas que va mucho más allá de la reedición de un puñado de buenas canciones que habían perdido su brillo original hasta quedar olvidadas en un vinilo sin carpeta. Es un viaje de quince años que llevó al Dj canadiense a recorrer cientos de kilómetros en busca de los autores, un homenaje a las canciones que podían haber estado junto a los temas de Neil Young o Leonard Cohen y nunca llegaron a formar parte del imaginario acústico colectivo. ¿Por qué?

“Los principales problemas fueron la distribución y el hecho de que los músicos eran aborígenes”, explica Howes. “Siempre he sido un apasionado de la música, y cuando me gusta algo siento la necesidad de saber algo más sobre el artista. Soy muy de buscar las raíces. Así pasé del Soul al Blues, de ahí al Folk, al rock psicodélico…En mis viajes comencé a coleccionar discos de artistas aborígenes de Canadá y cada vez me iban fascinando más. Así hasta que un día llegué al disco de Sugluk, un grupo indígena de hard rock que me dejó absolutamente impresionado. Aquella banda me dio tal sacudida que cuando los estaba escuchando en casa literalmente me caí de la silla y tuve que salir a buscar más”.

El productor Kevin Sipreano Howes y el ingeniero de sonido Greg Mindorff- Pic Kelly Claude Nairn

Howes habla así de cómo su colección personal de discos de artistas nativos pasó a convertirse en el núcleo de la compilación que acaba de presentar ‘Light in the Attic’. “Me di cuenta de lo poco que se sabía sobre estos músicos, pese a que muchos de ellos habían llegado bien alto en su día”. Al igual que hicieron los compañeros de su sello a la hora de encontrar a Sixto Rodríguez (‘Light in the Attic’ fue quien reeditó todos los discos del cantante 4 años antes de que saliera a la luz la película documental ‘Searching for Sugarman‘), cuando Howes vio que no era suficiente con seguir la pista de los cantantes a través del teléfono, cogió el coche y se marchó a buscarlos en persona.

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Durante el camino conoció a muchos de los músicos que forman parte del doble álbum, sus historias e incluso sus familias. “Uno de los momentos más especiales fue cuando conocí a Willie Mitchell. Habíamos hablado por teléfono y le dije que me había acercado hasta Maniwaki, en Quebéc. Willie me respondió que lo menos que podía hacer por mi era conducir los 90 kilómetros que nos separaban de su casa, en medio de una reserva. Condujo ocho horas para encontrarme y después nos llevó con su familia. Allí estuvimos un par de días y nos contó su impresionante historia”.

Willie Mitchell tenía 19 años cuando un policía le confundió con un ladrón que se había dado a la fuga y le disparó en la cabeza. El joven Mitchell, que acaba de empezar sus primeros pinitos en la música pasó meses en el hospital. Como indemnización recibió unos 3.000 dólares que se quedaron en 500 después de pagar las tasas judiciales. La temporada de inhabilitación encendió en él una chispa positiva en vez de convertirse en odio y, con los dólares que le quedaban, se compró una guitarra Fender (la misma con la que actúa todavía hoy) y empezó a escribir canciones.

La temática que aglutina Native North America Vol.1 es, en muchas ocasiones, una oda a las tradiciones de la comunidad indígena, son llamadas al respeto por la naturaleza, pero también toques de atención a la propia comunidad para que no pierda el rumbo en su convivencia con la sociedad del consumo.

“Escucho a nuestros mayores

en lo que tienen que decir

Escucho cascadas 

que rezan por otro día…”

Arranca la letra de Call of the Moose, de Mitchell… Otros temas se fijan en la decepción de ver cómo las raíces de una sociedad milenaria como la indígena norteamericana se difuminan en un territorio “dominado cada vez más el dinero y el odio”. Así lo recoge el ya fallecido Willie Dunn, la figura mejor conocida del grupo (es considerado como ‘El Dylan indígena’) en la poderosa canción con la que arranca el disco, I pity de country.

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“Uno de los aspectos más importantes de la recopilación es la defensa y respeto por la cultura indígena, además del orgullo por su cultura que en su día no pudieron demostrar por problemas políticos y sociales”, explica Howes. En los años 70 no había radios locales que promovieran aquellos discos, ni revistas que se fijaran en sus canciones, en multitud de canales de televisión canadiense nunca ha salido una persona de origen nativo … para colmo, el presupuesto era siempre muy limitado.

La aparición de esta “enciclopedia” del rock y el folk aborigen, de la que ya está en camino una segunda parte, ha despertado el interés general por estos artistas un cuarto de siglo después. Muchos de ellos nunca había dejado de tocar, pese ha hacerlo cada vez menos ante audiencias locales. Ahora, algunos se preparan para festivales como Austin Psych Fest, donde el próximo mayo actuarán junto a Primal Scream o The Flaming Lips.

“Hay muchos factores que cuentan a la hora de que un tema triunfe. Y está claro que los artistas de Native North America se han encontrado con múltiples trabas en su vida. Pero nadie puede detener una buena canción para siempre”- dice Howes-. Esta es nuestra manera de darles las gracias y devolverles el lugar que se merecen en la historia de la música”.

UN SELLO AMERICANO casi ‘MADE IN SPAIN’

Un par de años antes de dar a luz a su proyecto, el alma mater de Light in the Attic, Matt Sullivan, trabajó como becario para el sello madrileño Munster. Fueron unos meses que cambiaron la vida del norteamericano y que él mismo describe literariamente como un choque con un Volkswagen lleno de discos, pilotado por un español que sabía mucho de música. El conductor no era otro que Iñigo Pastor, que lleva años descubriendo perlas musicales y recolocándolas con mimo en el mercado nacional e internacional, entonces en Munster Records y ahora como orgulloso padre de Vampi Soul. Desde entonces, los sellos de Sullivan y Pastor colaboran en proyectos puntuales. Ambos conservan su amistad y siguen intercambiándose paquetes con discos regularmente.

Josh Wright (IZ) junto a Matt Sullivan. Pic Kyle Johnson* Este artículo se publicó en Rolling Stone España en febrero de 2015.

** Native North America vol1. acaba de ser nominado para recibir un Grammy como Mejor Álbum histórico en 2016. ¡Mucha Suerte!

 

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