Los vigilantes, vigilados

La policía estadounidense ha matado a más de mil personas en lo que va de año. Los ciudadanos en áreas deprimidas se unen para documentarlo

En días alternos, a veces de mañana, otras de noche, Dennis Flores y un grupo de vecinos de Sunset Park, en Brooklyn, salen a la calle a patrullar el barrio. Se organizan en grupos de cinco a diez personas y caminan por las calles que tan bien conocen. De vez en cuando, también se mueven “en carro”. Flores y sus convecinos no salen a la calle para controlar que no haya crimen. No son agentes de seguridad ni ningún tipo de policía de barrio. La misión que se han asignado a sí mismos es vigilar a la policía, para que no haga abuso de su autoridad. En el bolsillo, o directamente en la mano de los vecinos, un único aliado: la cámara.

Dennis Flores (trabajador social, 40 años, Nueva York) nació en este mismo barrio, pero tiene raíces familiares en Puerto Rico. Comenzó a grabar a la policía ya en 1995, tratando de documentar el “maltrato” que recibían sus vecinos en celebraciones como La Parada Puertoriqueña. Según cuenta, cada año las fiestas terminaban empañadas por algún episodio de violencia policial. En 2003, la señora Margarita Acosta, de 62 años y su familia, fue apaleada por la policía, después de que sus nietos, de 12 y 13 años jugaran con petardos en la calle. “Ahí le dieron una paliza feísima a esta familia entera y yo supe de lo que pasó y fui para allá. Empecé a conectarme con la abuela y empezamos a buscarles un abogado, los llevamos a publicar en la prensa. Organizamos protestas y marchas, de todo. Desde entonces la familia sigue trabajando con nosotros. Ellos ganaron una demanda a la policía de medio millón de dólares”, explica Flores.

Por aquel entonces, él ya había aprendido por si mismo que, si bien no es ilegal, no era seguro grabar a la policía estando solo. En una ocasión, terminó en el hospital con la muñeca rota y múltiples contusiones. Así fundó la asociación vecinal El grito de Sunset Park, “para declarar las cosas injustas y pelear por ellas”. Además, organizó un grupo de Copwatch (vigilantes de la policía), porque vigilar a los agentes de la ley “tiene que ser en grupo, para poder protegerse, y cada persona velando el uno al otro”.

El pasado mes de septiembre Flores y sus compañeros se reunieron en Nueva York con Jacob Crawford, fundador de otro grupo de vigilancia policial en Berkley, California, llamado We Copwatch (Nosotros vigilamos a la policía).“Inicié We Copwatch para ayudar a empoderar a las comunidades que sufrían de graves abusos policiales. Yo mismo crecí con mis propios problemas con la policía, pero mi experiencia no era para nada única. Había gente con problemas más graves, en especial las comunidades afroamericanas de Oakland”. Allí, Crawford organizó charlas informativas sobre los derechos de la ciudadanía ante la autoridad policial. Después continuó en otras ciudades, buscando comunidades “traumatizadas” por la violencia policial.

En Ferguson (Missouri) Crawford ayudó a fundar un “grupo de defensa comunitario” para aliviar el estrés que sucedió al asesinato de Michael Brown, disparado por la policía en agosto de 2014 a plena luz del día. Durante cuatro otras, el cuerpo sin vida del joven de 18 años estuvo en medio de la calle, cabeza abajo mientras la sangre brotaba, a la vista de todo el mundo.

Crawford y uno de los vecinos que presenció todo aquello, David Whitt, consiguieron repartir 10 cámaras personales para que algunos ciudadanos pudieran llevarlas con ellos. Organizaron un crowdfunding en internet, y pronto tuvieron suficiente para costear una centena. “Les informé sobre sus derechos, qué hacer con un vídeo que puede contener evidencias, cómo documentar lugar, fecha, hora… nuestras intenciones eran conseguir que la gente se sintiera más cómoda en su propio barrio”, apunta.

Ahora, en Nueva York, el activista ayuda a los vigilantes de Sunset Park a grabar un pequeño documental para apoyar a Ramsey Orta, vecino de Staten Island que filmó con su teléfono móvil la muerte de Eric Gardner, otra de las víctimas que en 2014 incendió el ánimo de la opinión pública.

De las Panteras Negras a #Blacklivesmatter

El fenómeno de Copwatch no es nuevo, se forjó en los años 60 con el movimiento de las Panteras Negras, que fomentaba la monitorización de la policía. Varias formas de Copwatch han existido en distintas ciudades norteamericanas en las últimas décadas. Hoy los grupos de vigilantes se multiplican: Detroit, Baltimore, Berkley, Ferguson, Missouri, Chicago… “Diría que el origen de esta creciente preocupación y el auge de los grupos de Copwatch está en la muerte de Trayvon Martin en Florida”, explica Alex Vitale, profesor asociado de sociología en la Universidad de Nueva York. “Martin no fue asesinado por un policía, pero su caso encendió la chispa de un renovado interés por los problemas raciales y la justicia en los Estados Unidos”.

Trayvon Martin, de 17 años, falleció el 26 de febrero de 2012 en Sanford, Florida, tras recibir un disparo de George Zimmerman, que apretó el gatillo tras enzarzarse en una pelea con él, por considerarle “sospechoso”.

Tal y como documenta el diario británico The Guardian, aquel no fue un caso único, pero tuvo “una resonancia particular” para la joven californiana Alicia Garza, que tenía un hermano menor de altura y constitución similar al de Martin. Un año después, el jurado hizo público el veredicto del caso: “No culpable de asesinato en segundo grado y absuelto de homicidio imprudente”. El bar donde Garza se encontraba siguiendo el proceso se llenó de silencio. La gente empezó a abandonar el local. Cuando volvió a casa aquella noche, Garza no conseguía dormir. Se sentía “vulnerable, increíblemente expuesta y rabiosa”. Inició su cuenta de Facebook y escribió una nota de cariño a su gente. Terminó con la frase “Gente negra. Nos quiero. Nuestras vidas importan”.

Patrisse Cullors, amiga de Garza, leyó su comentario y posteó en Twitter otra nota con el hashtag #Blacklivesmatter. Días después, Garza escribió ese mismo lema en grandes letras y las puso en una zapatería de su barrio. Garza y Cullors, junto a la activista de inmigración Opal Tometi, comenzaron a usar el lema #Blacklivesmatter en las redes sociales. El impacto de sus posts crecía lentamente, y siguió aumentando con las muertes de Eric Gardner (Julio de 2014, Staten Island, Nueva York), Michael Brown (agosto de 2014, Ferguson, Missouri) y Freddie Gray (abril de este año en Baltimore, Maryland), todos ellos ciudadanos negros, no armados en el momento de su muerte. El fenómeno #Blacklivesmatter estaba ya en boca de todo el país. Brotaron protestas multitudinarias e incluso revueltas, que en el caso de Baltimore llevaron a las autoridades a declarar el estado de excepción.

Es un nuevo movimiento por los derechos civiles equiparable a los que tuvieron lugar en los 60”, explica desde Nueva York Alex Vitale, que relaciona le rápida expansión de este movimiento con la gente joven y su acceso generalizado a los teléfonos móviles. El fenómeno se retroalimenta, las mismas redes donde se comparten historias relacionadas con #blacklivesmatter, son la plataforma en la que se publican vídeos de abusos policiales hasta hacerlos virales.

Cuantificar la violencia

En el caso de Samuel Sinyagwe (analista de políticas y datos, 23 años) la indignación y la sensación de que “podía haber sido él mismo”, le empujaron a comenzar un proyecto de investigación. Trabajando junto a otros tres amigos, en marzo de 2015 lanzó la iniciativa Mapping Police Violence, buscando respuestas a la falta de información sobre la escala de la violencia policial en Estados Unidos. “El gobierno federal no recoge estadísticas completas sobre el número de personas tiroteadas por la policía ni las circunstancias de los homicidios. Como país, no sabíamos la escala del problema ni cómo afectaba a comunidades vulnerables. Construir un mapa de la violencia policial empezó a responder a algunas de estas preguntas”, explica desde San Francisco.

Cuando subieron su proyecto a la red, Sinyagwe y sus compañeros ya tenían conclusiones importantes. “Tras el tiroteo en Ferguson se quiso visibilizar la vulnerabilidad de la población negra ante la violencia policial. Nosotros conseguimos datos con las que añadir profundidad a este argumento. Lo que mostramos es una realidad estadística: hay diferencias entre americanos negros y americanos blancos”.

De acuerdo con los datos de Mapping Police Violence, a 29 de septiembre de 2015, al menos 242 personas negras murieron, en Estados Unidos víctimas de la policía desde enero. Una persona de raza negra tiene tres veces más riesgo de ser morir a manos de la policía que una blanca; un 33% de las víctimas negras no iban armadas, frente a un 18% de víctimas blancas no armadas. De 240 casos, solo 3 oficiales habían sido acusados de algún tipo de crimen.

Los creadores de Mapping Police Violence no están solos en su empresa. The Washington Post en Estados Unidos y The Guardian en Gran Bretaña, llevan más de un año trabajando en proyectos similares.

Es ridículo y embarazoso (…), es inaceptable que The Washington Post y The Guardian de Reino Unido sean la fuente principal de información sobre encuentros violentos entre policías y civiles estadounidenses”, dijo en rueda de prensa el director del FBI, James Comey, en una cumbre para reducir los crímenes violentos en el seno del departamento de justicia, el 7 de octubre. Dos días antes, la fiscal general de los Estados Unidos, Loretta Lynch, había anunciado la puesta en marcha de un programa piloto de código abierto para cuantificar los homicidios policiales en todo el país. El perfil del programa seguirá el ejemplo de las iniciativas de Mapping Police Violence, The Guardian y The Washington Post. Por el momento, los oficiales federales se basan únicamente en informes de la policía, si bien los informes de encuentros violentos (incluyendo homicidios) son voluntarios.

Los datos de ‘The Counted’ ,* la plataforma de The Guardian (que clasifica por estado, fecha, raza y condicionantes el número de víctimas mortales de la policía desde enero de 2015) dice que, a 5 de octubre, las víctimas policiales ascendían a 886*. Si la tendencia se mantiene, a finales de año habrán llegado a cerca de 1.100. Incluso 2007, el año más violento en la guerra de Iraq (fallecieron 904 soldados), costó al ejército norteamericano menos vidas de las que el país pierde en encuentros violentos con la policía. En Afganistán, el número de soldados estadounidenses fallecidos entre 2001 y 2014 suma 2.238.

Según la organización sin ánimo de lucro National Law Enforcement Officers Memorial Fund, el número de oficiales de policía fallecidos en acto de servicio en 2014 fue un total de 126.

David Rudovsky, profesor de derecho de la Universidad de Pensilvania y autor de varios estudios sobre violencia policial señala que para solucionar el problema “no existe una medida única, hace falta intervención federal”. El abogado apunta además que “en términos de desigualdad social podríamos estar peor ahora que hace 40 años”. Tanto Rudovsky como el sociólogo Alex Vitale coinciden en que el papel de los vigilantes de la policía es necesario en una sociedad donde la autoridad ha perdido legitimidad. “Desde los años 50, varias oleadas reformistas intentaron restituir la confianza de los ciudadanos, pero ninguna ha funcionado. La gente no encuentra otro mecanismo con el que poder regular la balanza de poder, que ponerse a vigilar mediante Copwatch”.

Respondiendo al creciente escrutinio sobre exceso de fuerza al que está expuesta la policía en todo el país, el Departamento de Policía de Nueva York presentó recientemente nuevas líneas de actuación, con formación actualizada en situaciones complicadas y la documentación obligatoria de cualquier uso de fuerza. “El Departamento de Policía de Nueva York estaba viviendo, un poco, en la Edad Media en lo que respecta a sus políticas del uso de fuerza”, declaró al respecto el inspector general de policía, Philip Eure, en rueda de prensa.

Hoy no existen datos que cuantifiquen la eficiencia las grabaciones de los ciudadanos frente a la policía, pero sí estudios que apuntan a que los policías modifican su conducta cuando saben que están siendo grabados. En Ferguson, más de un año después de la muerte de Michael Brown, los vecinos mantienen vivo un sencillo memorial en el lugar donde falleció con ositos de peluche. “La policía no quiere que el memorial esté ahí, pero sabe que no puede hacer nada”, dice desde Missouri David Whitt, testigo del suceso e integrante de We Copwatch. Desde que los vecinos vigilan a la policía, la comunidad también ha estrechado de alguna forma los lazos entre ellos. “Antes de ‘Mike’ Brown, si la policía detenía a alguien nadie se paraba a mirar. Ahora todos vigilan, unos graban y otros graban a los que graban”.

Nadie confía aún en que algo fundamental haya cambiado en el comportamiento de la policía, pero al menos Whitt está convencido de una cosa: “Ahora miran a ambos lados antes de hacer algo para saber si estamos grabando”.

FOTOS: Jacob Crawford / We Copwatch. Reportaje original publicado en la revista Tinta Libre, noviembre de 2015.

* A 2 de diciembre de 2015, el número de personas asesinadas por la policía estadounidense asciende a 1041, una cifra que crece a diario.

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