La mejor periodista de América

El arma secreta del diario de Joseph Pulitzer a finales del siglo XIX no era sino una joven de Pensilvania con muchas agallas, la periodista Nellie Bly (1864-1922) que con su arrojo y su peculiar estilo revolucionó no solo las páginas del mejor diario de su época, sino todo un género narrativo: el periodismo de inmersión

El 14 de noviembre de 1889, cerca de las diez de la mañana, partió desde Hoboken (Nueva Jersey) el ‘Augusta Victoria’ con rumbo a Inglaterra. La joven Nellie Bly, que nunca había navegado en su vida, se mantuvo en la cubierta del barco hasta que perdió de vista a los amigos y conocidos que habían acudido a desearle un buen viaje. Cuando la costa norteamericana desapareció en el horizonte, tomó conciencia por primera vez de la aventura en la que se había adentrado. “Me voy…- pensó con tristeza- ¿Volveré algún día?”. Así describió sus pensamientos Nellie Bly meses después, a su regreso a los Estados Unidos, tras completar la vuelta al mundo en el tiempo récord de 72 días. Sería una de las escasas ocasiones de su vida en las que Bly, que a lo largo de su carrera llegaría a ser conocida como “la mejor reportera de América”, demostró sentir aprehensión.

3b22819vNellie Bly emprendió el viaje sola, sin más compañía que el traje azul marino que llevaba puesto y una minúscula bolsa en la que “lo que más ocupaba era un tarro de crema”. Su hazaña, gracias a la cual conoció en persona al propio Julio Verne, encumbró a la periodista a un nivel de fama nunca antes conocido por un reportero, mucho menos aún por las plumas femeninas que, por aquel entonces, comenzaban a abrirse paso en las redacciones. Cuando puso los pies en tierra norteamericana, Bly era ya un icono, un emblema de audacia e imaginación en pleno auge del modernismo, en el justo momento en el que los periódicos experimentaban su propia revolución hacia los medios de comunicación de masas: entre 1870 y 1900 la venta de periódicos se multiplicó por seis, más deprisa incluso que el crecimiento de la población en las ciudades que alimentaban este incremento.

Después de una noche de poco dormir buscando ideas para el periódico, un lunes por la mañana Bly se presentó en la oficina de su jefe y le planteó su “única” idea aquel día. Quería competir con Willy Fog y estimaba que podría batir su récord de ficción con un margen de cinco días de diferencia. Joseph Pulitzer, el editor de The New York World, se negó en rotundo. “Es imposible. En primer lugar eres una mujer y necesitas un protector. Incluso si pudieras viajar sola necesitarías llevar tanto equipaje que te retrasarías en cambios rápidos. Además solo hablas inglés, así que no hay más que hablar. Solo un hombre podría hacer esto”, respondió el editor a la propuesta de Bly intentando zanjar el tema. Pulitzer ya sabía entonces que le iba a resultar difícil quitarle la idea de la cabeza a su reportera estrella.

Bly llevaba varios años trabajando para The New York World y había transformado el estilo único en el que se les permitía escribir a las reporteras de la época (páginas de moda, jardínería, hogar…). Su primer reportaje le había llevado a fingir locura para poder adentrarse en el manicomio de la isla de Blackwell, en el East River de Nueva York. El propio Pulitzer fue quien le sugirió la idea a Bly, tras presentarse esta en su oficina con la idea de viajar hasta Europa y volver en uno de los muchos barcos plagados de inmigrantes que huían de Europa. Aquello le pareció demasiado costoso al editor, que no conocía a Bly, pero teniendo en cuenta las agallas que había demostrado para presentarse en su oficina le preguntó “¿Por qué no te haces pasar por loca y te adentras en el sanatorio de Blackwell? ¿tendrías valor para hacerlo?”.

Ella tenía claro que era allí donde quería trabajar. ‘The World’, con sus provocativos titulares, era en aquellos momentos el mejor periódico de la ciudad. Haciendo uso de su máxima, “con energía dirigida y bien aplicada se puede conseguir cualquier cosa”, la recién contratada reportera aceptó el encargo.

Los diez días que pasó en en el sanatorio para mujeres de Blackwell, se convirtieron en una serie de artículos cuya primera entrega se publicó, con su firma, bajo el titular “Tras las barras del asilo”. (Ediciones Buck publicó en 2011 la traducción al español del libro que recoge los reportajes ‘Diez días en un manicomio’). “Las palizas que recibí allí eran temibles. Me arrastraban tirándome del pelo. Me metían la cabeza en agua hasta que me ahogaba y empezaba a dar patadas”… La espeluznante descripción de la vida dentro del manicomio de Bly consiguió que, un año después, se incrementaran los fondos para el cuidado de enfermos mentales en Nueva York. El presupuesto para el Departamento de Caridades Públicas y Correcionales aumentó de 1.5 a 2.34 millones de dólares. El asilo de la isla de Blackwell recibió un aumento de 50.000 dólares.

Periodismo a lo gonzo “con capa victoriana”

Durante los años que siguieron a aquel reportaje y, antes y después de su partida en el viaje alrededor del mundo, Bly desplegó su inusual talento en la redacción de The World mediante toda clase de reportajes que rompían las convenciones de la época. Después de adentrarse en el asilo para dementes, la reportera consiguió un puesto como fabricante de cajas en una de las compañías de la capital para comprobar de primera mano las pésimas condiciones de trabajo de las mujeres, destapó los trapos sucios de un congresista fraudulento, y entrevistó a personalidades del momento como la sufragista Susan B. Anthony.

4.Juego de mesa ideado por 'The World 'para promocionar el viaje de Bly

Años después de rodear el globo, tras abandonar el periodismo por una temporada y dedicarse a dirigir la empresa de su marido, el empresario Robert Seaman, Nellie Bly se convirtió por casualidad en la primera mujer en enviar crónicas desde Austria, en pleno frente de la Primera Guerra Mundial.

Al tiempo que los diarios comenzaban a competir por anunciantes, y los titulares bailaban en la delgada línea de la exageración y el sensacionalismo, muchos otros periodistas, tanto hombres como mujeres, intentaron sin éxito imitar el estilo de Bly. “Ella fue no solo la primera, sino la mejor”, explica Jean Marie Lutes, profesora y directora académica de los Estudios de Mujer y Género en la Universidad Villanova de Pensilvania, en la introducción de la recopilación más completa y reciente de los escritos de Bly (‘Around the workd in Seventy-two days and other writings, Penguin Classics, 2014’).

La única biografía completa de la vida de Nellie Bly, ‘Daredevil, reporter, feminist’, publicada en 1994 por la periodista norteamericana Brooke Kroeger, identifica a Bly no solo como parte, sino como clave detonante en el posterior desarrollo del Nuevo Periodismo, que surgiría décadas después, entre 1960 y 1970. Bly fue la pionera de lo que más tarde se denominaría como ‘Periodismo de Inmersión’, (Stunt Journalism, en inglés), un tipo de narrativa caracterizada por un lado por el atrevimiento y la valentía del reportero, que se adentra en un mundo ajeno al suyo para contar lo que ve desde dentro, mientras que añade la subjetividad de su propia persona al contexto de lo que describe.

Su narración en primera persona y la subjetividad de sus escritos, en los que siempre aparecía ella misma, llegó a generar cierto rechazo hacia su persona en algunos círculos. Quizá una de sus mejores cualidades, la de narrar el mundo a través de su marcada personalidad, haya sido una de las causas por las que la mayor parte de su trabajo pasó desapercibido durante años, hasta quedar en poco más que la figura de una mujer valiente que emprendió la vuelta al mundo en el siglo XIX con una muda de ropa.

Su biógrafa, Brooke Kroeger, insiste en que el valor del periodismo de Bly no reside en su ingenio, su sarcasmo o su rebelión en contra de lo establecido, sino en su compasión y conciencia social, envuelta en una franqueza apabullante. “En los textos de Bly no hay perspicacia intelectual ni una gran sutileza literaria. Bly simplemente produjo, semana tras semana, una desinhibida muestra de su deleite en ser una mujer sin miedo y su gusto por conseguir tanta atención para pavonearse. Era periodismo a lo gonzo con capa victoriana”.

Las puertas que Nellie abrió a sus compañeras periodistas durante el cambio de siglo, no solo permitió que el trabajo de una mujer pudiera ser recogido en primera página, sino que puso en evidencia que la mujer, como colectivo, tenía las mismas oportunidades de mostrar a los editores que podían trabajar con la misma inteligencia, dedicación y entrega que cualquier hombre. Las ‘Stunt girls‘ o ‘chicas atrevidas’ lideradas por Bly sembraron las semillas que la próxima generación de periodistas recogieron para adentrarse en la corriente principal del periodismo. Largas luchas contra la discriminación por género y otro tipo de problemas aguardaban en el futuro, pero “el camino, al menos, estaba abierto”, explica Kroeger.

‘Traveling Lady’

La travesía que Nellie Bly emprendió hace ahora 125 años ha sido fuente de inspiración para el trabajo más reciente de Rossy de Palma, que el pasado octubre protagonizó el estreno mundial de ‘Traveling Lady’ en el Florence Guild Hall de Nueva York. La directora colombiana Jessica Mitrani recuerda que fue durante su juventud cuando escuchó hablar por primera vez sobre Nellie Bly: “la ambición, determinación e impulso para hacer algo extraordinario” de la periodista conquistaron a Mitrani, que convirtió a la escritora en el punto de partida de un viaje mucho más existencialista y sin localización concreta, materializado a través de proyecciones y sonidos.

Rossy de Palma aparece multiplicada sobre las tablas. Su presencia se añade a la semblanza de una proyección de si misma a su espalda. Varios desdobles más se pasean por el escenario silenciosas, cruzándose unas con otras, como en un laberinto interior. Es el mismo laberinto que podría suponer para cualquier hombre o mujer viajar hacia su propio núcleo personal, en un recorrido infinitamente más largo que dar la vuelta completa al mundo, en los 72 días en que Bly consiguió su objetivo. “Despójate de tu género, de tu raza, de tu cultura”… Rossy de Palma bordó la personal interpretación salpicada con notas de humor. La única fotografía que se conserva del momento de partida de Bly hacia su odisea, la presenta con su vestido y el pequeño bolso de mano, un detalle que no escapó a la directora colombiana. “La feminidad pesaba bastante en aquella época”, resume Mitrani, fascinada por la fuerza de la imagen. En la mirada de Bly está la osadía y la fuerza interior de aquella mujer que estaba dispuesta a dejar atrás no solo todo lo que conocía, sino también a las convenciones y las barreras invisibles impuestas a su género.

Dio la vuelta al mundo más rápido que Willy Fog y se adentró en un manicomio para narrar las atrocidades que ocurrían dentro. Nellie Bly rompió las barreras que impedían el acceso de la mujer al reporterismo de calidad y sembró en germen del Nuevo Periodismo, décadas después.

“Si fracaso, nunca volveré a Nueva York”, diría Bly días antes de culminar su viaje, “prefiero regresar muerta y vencedora que viva y con retraso”. Su valentía y coraje volvieron a flaquear, en el frente de la Primera Guerra Mundial, a los pies de la mesa de operaciones de un militar ruso moribundo a quien se le cayó un pie congelado delante de ella. “Déjeme marchar”, le pidió horrorizada al doctor que le había llevado ante la cruenta escena, a la que se aproximó con su talante habitual, hasta que sus entrañas le dijeron que había ido demasiado lejos. No abandonó. Lo narró tal cual, y siguió en el frente junto a los que luchaban y morían, presenciando lo mismo que el puñado de hombres que habían sido enviados como corresponsales.

Aunque cuando se marchó camino a Viena pensaba estar fuera tres semanas, pasaron cinco años antes de que Nellie Bly regresara a Nueva York. Continuó escribiendo. Sus últimos días los pasó de nuevo como columnista para el New York Evening Journal y, aunque nunca tuvo hijos, llevó a cabo una tremenda labor social para encontrar hogares a niños huérfanos en la gran ciudad. A muchos de ellos les dio cobijo en su propia casa durante semanas, mientras encontraba una familia que los adoptara. La necesidad de dar voz a las injusticias y los oprimidos tomó finalmente todo el protagonismo en sus escritos, siempre honestos, francos y humanos, hasta el último, publicado cinco días antes de su muerte, el 9 de enero de 1922.

¿Qué hacemos con las niñas? De Huérfana a corresponsal en México

3. Tarjeta postal con un diseño sobre Nellie Bly, 'Nelliebly.com'En una preocupada carta al diario ‘The Pitsburg Dispatch‘, el padre de cinco niñas solteras se preguntaba qué podía hacer con ellas si no conseguía casarlas. Como respuesta a su cuestión, el columnista Erasmus Wilson respondió con un alegato al hogar como único espacio adecuado para la mujer. En el escrito, el autor llegó a sugerir la idea de que quizá los Estados Unidos debieran seguir el ejemplo de China, matando a sus bebés niñas, para evitar un posible “exceso” de las mismas en la sociedad. La joven Elizabeth Jane Cochrane, una ávida lectora del diario de 22 años, remitió una fogosa, madura y articulada reivindicación de los derechos de las niñas, y las mujeres, dejando perplejo al editor del diario, que invitó a personarse en la redacción a la persona que se escondía detrás del pseudónimo “niña huérfana”. Cuando acudió al periódico, el editor del mismo invitó a Cochrane a escribir algo más sobre la esfera de la mujer. “El puzzle de las niñas” sería el primer artículo que la joven firmó con el pseudónimo que el editor le puso ese mismo día y le acompañaría toda su vida, Nellie Bly.

Huérfana de padre, la incipiente escritora trabajó durante unos meses para el Dispatch, hasta que sus inquietudes le hicieron marcharse, acompañada por su madre, a México. Desde allí envió sus primeras crónicas como corresponsal. Serían los primeros escritos desde el extranjero de una periodista que siempre quiso ir más allá, y a lo largo de su carrera nunca se conformó con detenerse ante las puertas que encontraba cerradas. Su dura infancia marcó el carácter independiente y valeroso de una mujer que supo mantenerse siempre fiel a su instinto.

* Este reportaje se publicó originalmente en la revista  Tinta Libre, en su edición de noviembre de 2014. Nellie Bly nació tal día como hoy en 1864.

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